lunes, 19 de diciembre de 2011

Estilo *


La isla puede llamarse Roatán, Alacranes o La Blanca.
El agua toma la forma de la inmensidad.

Sólo quien se zambulle y arriesga
aprecia todo lo hallado alrededor de la tortuga.
Quien permanece observando la arena
puede mirar las arañitas que entran y salen,
la huella del deambular de un caracol
(que por su trazo parece jugar a la ebriedad pasional),
la elegancia del Ángel Emperador
que asiste al espectáculo de Mimo, el pulpo de Indonesia.
Quien permanece observando la arena puede mirar
cuando, de forma intempestiva, aparece la cabeza de un pez abriendo la boca.

Abajo,
quien escucha la música silenciosa del mar
aprende a dejarse llevar al gran baile de las corrientes marinas.
Inmerso,
en la profundidad del océano
descubre, como si fuera el tesoro de un naufragio,
un vocabulario,
un ritmo,
otra forma de ser.
La parte acuática de su mundo.
Fotografía de Patricia Zorrilla de la serie Veracruz 05/08.                                                                                             
  
   
 * El poema lo escribí después de que Patricia me platicara sus experiencias en el buceo.

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