miércoles, 24 de junio de 2015

Mitología Íntima de José Antonio Pérez Robleda




Quídam

Con este poema comienza el libro Mitología Íntima de José Antonio Pérez Robleda,
originario de Andalucía y quien tiene ya casi diez años radicando en este país. ¿Quién es Quídam, este personaje? Quídam es un cualquiera. Y es quien se presenta como relator de estas mitologías íntimas. Estas mentiras personales. Pero detrás de la mentira siempre se encuentra una verdad. Esa mentira puede ser una máscara. El rostro del poeta está siempre detrás de ese yo lírico. Las mentiras personales dicen de los otros también. De quien las lee. Quién no es esa persona que camina en el primer poema de este libro, como el hombre en el poema Trabajar cansa de Césare Pavese, como las poéticas caminatas de Ocatvio Paz, siempre es la misma persona siempre es un yo que en sus múltiples pisadas se convierte a fuerza de vagar por una ciudad o un pueblo en un nosotros, lectores todos. Quídam es un poema de desamor, de la imposibilidad de amar en estos días donde estamos más comunicados, mejor informados, donde el uso de la tecnología nos permite no estar solos. Algo en este hombre intuye que la lentitud es una habilidad para encontrar el amor. El amor es una lentitud. Enamorarse requiere tiempo. Dar con el amor, con esa mujer que quiera vivir en la casa como dice el poema de Pavese, no es algo sencillo ni que esté a la vuelta de la esquina. Camina por los versos el poeta, caminamos como sonámbulos por las calles. Ignoro si avanzamos o damos vueltas en círculos. Pero en este andar, la poesía es algo que nos aligera. Este equipaje de versos es como el agua que nos reanima. Quizá al escribirlo esa mujer se acerque y quiera habitar con uno la casa. José Antonio Pérez Robleda, el autor de Quídam, el poema con que abre Mitologías Íntimas , el cual mereció una mención honorífica en el premio de poesía Adonáis 2014, hace este intento, tira sus dados o lanza su apuesta. Ojalá gane, de alguna forma ya descubrió algo. Al leerlo yo también gano, como lector encuentro un espejo y un camino.


Sirenas

Recuerdo de pequeño las visitas acompañando a mi padre al antiguo acuario de la ciudad y ver en su piscina principal (junto a las tortugas y a los cocodrilos) una frágil sirena de triste figura. Pálido el rostro y de cola blancuzca con algunas manchas de chapopote. Muda la pobre y, supe luego, fallecida días después de su captura y exhibición sin mucha publicidad como todo en el puerto de Veracruz.

   George Steiner en su libro autobiográfico Errata, el examen de una vida, dedica el capítulo seis a reflexionar sobre la relación agónica entre la música y la palabra y cita tres mitos griegos el de Pan, Orfeo y el de las Sirenas. Las interpretaciones de las Sirenas son interminables. Han inspirado iconografía, música, literatura y debates filosóficos, desde las pinturas en la cerámica arcaica hasta Debussy, Kafka, Lampedusa y la dialéctica de la Escuela de Frankfurt. Pájaros o mujeres,¿ o las dos cosas? Con cola de pez (¡cabeza de pez en Magritte!), pero dotadas de garras asesinas. ¿Realmente logró Ulises burlar su canto a costa de la irreparable aridez y el utilitarismo mercantil que en lo sucesivo se apoderaría de su alma? O guardaron silencio las Sirenas a su paso (siendo éste el silencio al que, según Kafka, inspirándose en una idea de Rilke, nadie logra sobrevivir)? Los mitógrafos de la Antigüedad hablaban del osario humano que rodeaba la guarida marina de las Sirenas. Uno intuye en esta lúgubre y enigmática fábula un capítulo previo al agon, en la lucha entre la música y la palabra, entre el canto y el raciocinio. Las Sirenas pugnan por devolver a las corrientes oceánicas y a las profundidades de la música las usurpaciones, las exigencias de dominio del logos  , de la sintaxis (...)  Pero cada vez que la música insiste en su cualidad absoluta, rechanzando cualquier texto, cualquier programa, cualquier función escénica o concomitante, rinde, para desesperación de las Sirenas, su homenaje al eco.  



         Las sirenas fueron creadas por la poesía como muchas otras quimeras del mundo antiguo. De todas ellas la figura de la sirena guarda una relación íntima con el poeta, colindan en la voz. La sirena habita en los mares, el poeta, en un sentido físico, pertenece a la tierra. Estos personajes están unidos por tres aristas: el canto de la sirena es un engaño, quien escribe usa máscaras para mostrarse;  la sirena como el poeta anuncia y revela la palabra; la palabra no es de este mundo, dice el evangelio ¿de qué mundo es la palabra?

   El poeta necesita un código para descifrar el canto de las sirenas. Entre la profundidad del mar y la seguridad de la costa el poeta se encuentra con los sueños. Esto es tan verdad que los surrealistas al inventar su propio juego de cartas pusieron  como uno de sus cuatro palos al sueño y en vez de la reina a la sirena. La Alicia de Carrol aparece como la sirena del sueño. El trabajo del poeta es traducir el lenguaje del deseo. Aunque se sabe que entre la realidad y el deseo todo sueño es imposible. Roland Barthes escribe, sin embargo, que la literatura cree sensato el deseo de lo imposible. Por otra parte,  hay estas ganas de que la poesía sea otra cosa: textura, movimiento, una fiesta de una manera más concreta. Un viaje continuo, el sueño; un canto con escalas de diferentes matices, las voces; un encuentro con el misterio de la luz, el paisaje. Este estado de cosas crean el mundo habitable de la fantasía. Esta lucha con sirenas tiene en Mitología Íntima  una de sus arenas.


Humor

   Para leer poesía y para escribirla se necesita a alguien que nos inicie en ella. Si la poesía es juego necesitamos quien juegue con nosotros, quien nos enseñe a jugar, a cantarla y bailarla, es decir necesitamos una invitación para la fiesta, para la fiesta de las palabras donde van disfrazadas al gran salón del lenguaje. No olvidemos que la poesía es juego y que hay que saber reírse con los poemas. Aquel que no sabe reírse con el poema, no sabe lo que es el poema. […] quiero decirle una vez más, que para mi la poesía no es sino tiempo y que, siendo tiempo, es muchas cosas, es juego, es rito, es ceremonia, pero es, sobre todo, apuesta. El juego es una apuesta, estamos apostando con nosotros mismos y con nuestra vida. El juego es la apuesta vital por excelencia. También la poesía es una apuesta vital, dice Octavio Paz.

   José Antonio Pérez Robleda sabe reírse con los poemas: al leer Clasificados, Manifiesto de Otoño, Allí en mitad de la calle entre otros, reí y me sonreí varias veces. La sonrisa, a diferencia de la risa, lleva algo de complicidad. Al sonreírnos nos sabemos hermanados. Aceptamos el conocimiento de un secreto, algo que no está dicho de forma implícita. Al leer varios de estos poemas la sonrisa me surgió, me sonreía con el poeta. Aunque él no estuviera presente físicamente, la sonrisa crea intimidad. El humor está un poco desprestigiado por ese aire de ligereza que conlleva. Esa frescura de juventud, que dice la solapa del libro, es en verdad la madurez de quien se sabe un creador, las greguerías de Ramón Gómez de la Serna es un ejemplo de esto que digo. Pero hay muchos más, quizá sería importante por no decir que imprescindible que hubiese una antología de poemas humorísticos. El lector está acostumbrado a leer desde la seriedad y aún lo cómico lo lee como algo serio. ¿Cuántas veces nos hemos sorprendido carcajeándonos con lo que leemos? Muy pocas, esa sonrisa que lanzan ciertos autores pocas veces son correspondidas. Huizinga dice que el poeta debe aniñarse al escribir, esa es la fresca juventud. Gombrowics incluso afirma que esa es la condición perfecta del ser humano, la adolescencia.



José Antonio Pérez Robleda es un poeta de moñito de colores. Ese moño es una máscara. Cuidado.

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