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lunes, 24 de septiembre de 2012

La poesía, el humor y lo lúdico de Jaap Blonk en el Festival Internacional de Poesía en Voz Alta.12




Los espectadores, que colmaron el foro de Casa del Lago el sábado por la noche y el auditorio del Museo Universitario del Chopo el domingo al mediodía, no paraban de reír ante la sorpresa y el asombro por la obra que ofreció el poeta holandés Jaap Blonk.
   La poesía es un arte eólico y la voz es su herramienta fundamental. Esta frase parece ser el motivo principal para las creaciones que ofreció este artista sonoro a la audiencia. Además, la sentencia dadaísta que reza que lo que importa son las letras y no las palabras.
   Blonk dio, de forma sutil, un breve recorrido por la historia de la poesía sonora al interpretar trabajos de Hugo Ball, Antonin Artaud, Raoul Hausmann, Kurts Schwitters e incluso del compositor minimalista John Cage.
   Comenzó con Caballitos de mar y peces voladores del anarquista y poeta Dadá Hugo Ball. Siguió con una obra propia que según sus palabras No estaba escrita en el idioma de los países bajos sino del país de abajo, haciendo un juego con el nombre como es conocido también el país de Holanda: suena a holandés, pero no tiene nada de significación, concluyó para comenzar el concierto de sonidos extraordinarios y sumamente variados que hace con la boca y su aparato fonador, pero también con la nariz. A esas palabras inventadas, jitanjáforas las nombró Alfonso Reyes, que iba pronunciando, las acompañaba con gestos, entonaciones e intenciones que las proveían de sentido. En verdad, iba leyendo en unas especies de partichelas los signos de este lenguaje inventado y que terminaba por provocar la hilaridad del público asistente. La siguiente pieza sonora fue, según él mismo un beep bop y la cual me recordó el trabajo que hace Mike Patton cuando interpreta a John Zorn. No bien terminaba ésta comenzaba a repetir la frase El ministro deplora tales observaciones cambiando, conforme la iba repitiendo, una parte de la frase por un sonido. La audiencia seguía riéndose y celebrando cada uno de los poemas que iba leyendo Blonk, quien con su actuación hacía que la poesía recuperara su carácter lúdico y que los escuchas se olvidaran un poco de la razón. Fue entonces cuando presentó las obras de tres artistas que lo han influido: Pesadilla, de Raoul Hausmann; 4.33, de John Cage, en donde se pudo escuchar la tos de gente del público, algunas risitas y el sonido de un avión que pasaba.; y That’s what  I try to say que acompañaba con un aparato para hacer ruidos como de ondas de radio. Esta primera intervención terminó con dos poemas dedicados Antonin Artaud poeta surrealista quien vivió en México por algunos años y que tiene escrito un libro sobre la cultura tarahumara: Homenaje a Artaud y A.A. 2008 y cerró Chick Sinthetizer que interpretó con la ayuda de dos micrófonos y que basaba en los sonidos de sus mejillas al jalarlas y moverlas con la boca y las manos. 


  
 Para el día siguiente, Jaap Blonk realizó algunas variantes en El Chopo. Comenzó desde el fondo del auditorio con un poema sonoro basado en la cultura africana, causando de entrada la sorpresa del público. Siguió con Kurt Schwitters y su poema B what a b What a beauty que leyó al derecho y al revés puesto que “un poema leído al revés sigue siendo un buen poema”. Leyó su Estudio fonético sobre la letra R puesto que es una letra pronunciada de diversas formas en el mundo y pone como ejemplo cómo se pronuncia en francés, inglés y español. Dijo otro poema que estaba inspirado en el nombre del Popocateptl que contenía mucho ritmo, un poema mucho más musical y no sólo onomatopéyico. Y contó el cuento De paseo, traducido al español, donde hace un sutil juego con el sonido de ciertas palabras y al repetir el título De paseo como si fuera un coro o estribillo; cuando lo dice, cambia el tono sea triste, contento o problemático, dependiendo de la parte del relato. En esta ocasión también presentó varios videos entre los que resaltaron Canción para los cubistas, Una historia de amor: donde se ven las palabras tú y yo persiguiéndose sobre la página de la computadora sin alcanzarse. Y algunos otros donde son los sonidos los que generan la animación o al revés: la animación provoca los sonidos.
   Cabe resaltar la técnica de respiración de Jaap Blonk la cual es sorprendente para emitir, sacar sonidos rinolaringeos, guturales, sin esfuerzo alguno, sin lastimarse la garganta; su capacidad del manejo de micrófono también ha de ser valorada pues, a pesar de todas las onomatopeyas y sonidos extraños que emite en ninguna ocasión se oyó un “popeo” o algo semejante (cosa que ocurre a menudo con quienes hacen uso del micrófono). 


   Jaap Blonk anunció, al finalizar su presentación, que estará impartiendo una Conferencia magistral en la UVA a las 17:00 horas hoy lunes y el miércoles interpretará una sinfonía en el Claustro de Sor Juana a las 20:00 horas. La entrada a estas actividades es gratuita.

domingo, 16 de octubre de 2011

Un cuento recuperado de José Emilio Pacheco

La bala*
  
Para el maestro Alfonso Reyes

Un fusil prusiano la encajó en el pecho de mi bisabuelo, en Sedán, un día de 1870. En el desangrado hospital de campaña quedaron sus hermanas y ella se enterró viva en un ramaje de costillas que la oprimían durante el sueño.
   Emparedada y quieta, supo a menudo de combates y lechos; le dio la vuelta al mundo; combatió en África y en Asia. Y más tarde en América, toleró que su dueño hiciera bromas a su costa. Pero terca, no permitió el agravio del bisturí; tímida, no molestó a quien la atesoraba.
   Un día, furiosa por tanta humillación y trabajada por las burlas, impidió respirar a su verdugo. Fredéric Berna murió en México en 1909, treinta años antes de que yo naciera.
   Cuando no conocía las palabras y el mundo era para mí un limbo de vibraciones y colores, de apetencias y lágrimas, exhumaron los restos del capitán francés y halló mi atónita familia ruinas de un esqueleto amarillento, sórdidamente presidido por la bala inmortal.
   En mi infancia me acostumbré a jugar con ella. Trastocando los tiempos, soñé que un pirata (que era yo, de algún modo, o al menos era el sueño de ese niño) se la clavó al francés en un fiero abordaje o que inversamente, yo vindicaría la afrenta, buscando al prusiano para otorgarle muerte semejante, para matarlo con la misma bala.
   Ahora que todo eso ya no existe; ahora que mi niñez y el principio de mi oscuro destino son irrecuperables, sigo jugando con la bala. En las noches la miro, la acaricio. Cualquier ruido la mueve y a veces pienso que va a decirme algo. Sabrá historias de guerra y aventuras de amor. Pero no dice nada. Se da cuenta que es mi antepasado y yo lo sé y por eso la respeto. Cuando muera, ella perecerá en mi cadáver, hasta que vuelva a manos de los hombres, recomience su historia y sea otra bala.

* Las historias literarias particulares comienzan con la amistad. Juan Vicente Melo y José Emilio Pacheco se hicieron amigos en el año de 1959 cuando el dramaturgo Hugo Argüelles (vecino y amigo de la infancia de Melo, y compañero de estudios de Pacheco), los presentó: “Era oportuno que Juan Vicente (cuenta Argüelles), comenzará a relacionarse con gente del medio, un día que nos vimos en el D.F., coincidió que yo tenía una cita con José Emilio en la Casa del lago y lo llevé para presentárselo. Enseguida se cayeron bien. Luego, nos reuníamos en casa de José Emilio y hablábamos de Borges y otros autores”. Por su parte, Juan Vicente Melo rememora un anterior encuentro con el autor de Las batallas en el desierto. En un texto sobre Pablo Casals, Melo escribe: “Recuerdo que en una ocasión mi madre me presentó a una señora acompañada por un niño inquieto, tímido, miope y gordito que se dedicó a repasar ávidamente los títulos de los libros. La señora, muy amable y afectuosa, nos dijo con una sonrisa de satisfacción y orgullo que a su hijo también le gustaba escribir. ‘Especialmente poesías’, aclaró. El niño se llamaba José Emilio Pacheco. (Notas sin música p.486). Pacheco, quien vivió muchos años de su infancia en el puerto y más grande los periodos de vacaciones, no recuerda esta primera presentación, pero su comentario acerca de los Melo es elocuente: “Eran como los Medicis”.
   A partir de las presentación hecha por Argüelles y del inicio de la amistad con Melo, Pacheco comienza a colaborar en “La semana cultural”, el primer suplemento cultural literario realizado en el estado de Veracruz y se encontraba dentro de las páginas de El Dictamen (No. 21 8/IX/59) El poeta y cuentista colaboraba de tres formas: escribiendo sus propios textos 8cuentos, poesías, reseñas, etc.) recolectando textos de otros autores amigos suyos (Francisco Cervantes, carlos Monsiváis, Lilia Carrillo, Jorge Alberto Manrique y hasta Alfonso Reyes) y bajo el heterónimo de Pedro Damián (autor de la novela El crimen de Caín, poeta y exiliado español) escribía la columna “Índice literario” , primer antecede de lo que luego fue su “Inventario”. Entre las colaboraciones firmadas con su nombre, JEP publica este cuento: “La bala”, el único que no fue incluido en libro La sangre de medusa, que intentó recopilar la obra cuentística desperdigada en revistas o periódicos.
  
   A propósito de la entrega del premio Alfonso Reyes a José Emilio Pacheco por parte del Colegio de México recordé la nota que escribí y publiqué en La jornada semanal sobre este cuento que encontré en la hemeroteca de El Dictamen (La jornada semanal Nueva Época, No. 86. 3 de febrero de 1991), y que no pude encontrar en internet (la nota). Por su importancia, ahora la transcribo (con algunos recortes que hice y que trataban sobre las características del suplemento veracruzano).