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miércoles, 8 de agosto de 2012

Voy hacia el otro lado


Viraje todo a la derecha y avante de frente al peligro. No puede ser de otra manera. O te rindes y permaneces uno de los de aquí, o pasas allá. Atención. Que nadie se apoque. Las manos sobre el timón. Atención. Coraje. Llegó el tiempo de verificarse. Avante. Avante despacio hacia lo no turbio, lo ineludible, lo desnudo, lo claro, lo comprensible en sí mismo, lo inalterable. Odiseas Elytis

Siempre me preguntan que de dónde soy, que si no soy de aquí. Los taxistas, los amigos que recién conozco en una fiesta. Que si soy cubano, chileno, hondureño, italiano…
   Yo no soy de ninguna parte. Soy de Ningúnlado.
Voy a desaparecer por una semana ¿A desparecer? No. Voy a estar donde nadie me conozca. Confundido entre la extrañeza, expedicionario de mis propias ruinas.
Fuera de aquí, tal es mi meta.
   Todos esos escritores (Cioran, Pizarnik, Kafka, Vila-Matas, Gombrowicz) escriben de su fuera de aquí. Este aquí es donde no cupieron, donde se les impidió estar. Fuera de aquí es el rincón (Infancia: En el rincón oscuro de lo obscuro, mi niñez).
   Pero fuera de aquí (sin las cursivas), ahora no es el rincón sino reverso que es su anverso. Este fuera de aquí no es el mismo lugar a donde aún pertenece el rincón. Es fuera de aquí donde las cosas siguen otro curso distinto. Excéntrico.  
   Fuera de aquí (otra vez en cursivas) no era mi respuesta, cuando a los quince o diez y seis años salía de la casa y mi mamá me preguntaba ¿a dónde vas? Yo respondía: a Ningúnlado. Ése era el lugar.
Al regresar y toparme con mi papá, no respondía a su pregunta ¿dónde fuiste?
-         A Ningúnlado. Estuve por ahí.
   Ningúnlado era el fuera de aquí. Lugares similares. Estoy sentado frente al espejo, devuelta en ese fuera de aquí (exilio). Ningúnlado era no estar en casa, era irse a dónde sea. Caminatas por el centro. Por el bulevar. Por los mercados. Al cine Veracruz, en lugar de ir al instituto de inglés. ¿Para qué viajar tan lejos? Para estar fuera de aquí (en constante migración) basta cerrar la puerta de mi departamento, poner algún disco. Sentarme a leer y escribir. Algunos lugares de la escritura se llaman Ningúnlado y Fueradeaquí. Donde puedo pernoctar. Es siempre otro lado, otro y otro sin llegar nunca en realidad, un lugar donde no se está. En el trámite, en el tránsito del proceso al castillo.
   Voy a estar conmigo lejos. El movimiento es en realidad algo que estoy haciendo en el interior. Y que tengo que mostrármelo fuera. Tengo que hacer real el movimiento de irme. Para verlo. Para ver que puedo levantarme de la silla (como no puede hacerlo el personaje de Bruno Schulz). Este no es un viaje ni hago turismo. Es más sencillo, es levantarme de la silla porque entre el orden (el control) y el caos está el placer. Es lo que existe fuera de aquí, el placer. Una expedición hacia el placer. Fuera de aquí. Llevarme al niño y dejarlo en Ningúnlado. Aquí es esa casa enorme, vacía donde estuvo hasta hoy en la madrugada cuando tomé el taxi. Salir de ese aquí. De esto que he sido. Voy hacia el placer, a otro lado que no sea fuera de aquí sino fuera de aquí (sin las cursivas). Parece ingenuo, pero hasta este momento comprendí por qué se les llama viajes de placer. Estaba tan lejos que no veía el otro lado.

miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Amantes o amados?

En qué momento se privilegió a los amantes en lugar de los amados, pregunta Alejandra Pizarnik. La connotación moral de amante al tiempo que exalta, disminuye, es como el antihéroe, quizá, desde la singularidad, el amado sea pasivo, pero cuando son los amados es recíproco y se vuelven actores ambos del amor: los amantes es lo romántico, los amados es lo real. Ambos, cada uno de los amados, al ser objetos se vuelven sujetos; no hay que verlos por separado, los amantes siempre están distantes, los amados están juntos. Los amantes, esos amorosos del poema de Sabines, son los que esperan, los amados son los que comparten. Son los cursis, los que no se aventuran ¿en qué momento perdieron valor la tranquilidad y la ternura? El amante sólo ama y no es amado, consume pero no es consumido. Amado sin amar, amar sin ser amado, hay que congeniar esos términos hacerlos conciliar. Quizá, a eso se refiera Rimbaud cuando decía eso de inventar de nueva cuenta el amor. Yo he sido el amante, el otro, el que no puede ser infiel porque dejaría de ser el otro, decía un amigo. Y he comprendido que el rol secundario no es lo mío. Yo quiero ser amado, no como quisiera que me amen, sino en la totalidad de posibilidades de mi amada y amar al mismo tiempo con todas mis posibilidades. Fuera de la ansiedad y la angustia está el ser yo mismo con el otro.